25.11.06

Obsceno

Es una mañana cualquiera, al poco de levantarme, veo en los periódicos el siguiente titular: “Ibarretxe con las víctimas en Córdoba”. Comienzo a leer y, al principio, tengo la ligera sensación como de ir en barco, un notar cómo el café recién tomado se balancea, suave, levemente, en el estómago para, a medida que la lectura del artículo avanza, acabar sintiendo una especie de maremoto estomacal, no sólo siento el café golpeando, revolviéndose furiosamente en mi interior, batallando por salir, por liberarse de las paredes que lo encierran, no, con la danza vertiginosa del café matinal viene una sensación de mareo que acaba dejándome convertido en un guiñapo.

“Romper las barreras invisibles”, “nos equivocamos en la transmisión de nuestro dolor por las víctimas”, “es tiempo de llenar el vacío con las victimas del terrorismo”, “ahora, ciudadanos idiotas -perdón, ha sido un lapsus-, ahora, ciudadanos, os vengo a decir en mi nombre y en el nombre del pueblo vasco -aquí, toses, carraspeos, el lehendakari vomita por fin…- perdon”.

Obsceno, canalla, vil, miserable, mezquino, mentiroso, hipócrita, mal nacido, sucio, animal, odioso aunque no odiado, cómplice, testigo feliz del crimen... Así, así siento simplemente a Ibarretxe, el predicador, el que con una mano saluda a las víctimas y con la otra escribe en su famoso plan que ilegalizar a la banda terrorista, a los perros de las pistolas, a los animales del crimen, es un atropello al pueblo vasco, el que habla de llevar el caso de la ilegalización de Herri Batasuna a los tribunales, al tribunal de los Derechos Humanos de Europa (¿existirá en Europa un tribunal para las víctimas?).

Ibarretxe es, en este caso, sólo un embajador del crimen, el negociador, el que dice a las víctimas, “aún es tiempo de encontrar la paz” mientras va calculando mentalmente que aún necesitan un poco más de tiempo: 350 pistolas no son suficientes, los explosivos que la policía francesa dice que quieren robar aún no están en los almacenes, los detonadores no se montaron todavía… Sólo quiere ganar tiempo, los agujeros negros necesitan tiempo, necesitan rearmarse, luego… que suenen las explosiones allí mismo, donde él ha dado la mano a las víctimas… No duda, no le tiembla la voz al ampararse en el digno pueblo vasco, no, lo usa, lo esgrime como excusa para pedir perdón. Habla sin rubor del Plan de Paz y de Convivencia, se extiende, se regodea, la paz y la convivencia tienen como ejemplo a Pilar Elías y a Kandido Azpiazu, ¡claro, todo es posible! Es un ejemplo de cómo se puede convivir, de cómo el criminal puede seguir matando día a día a la víctima, de cómo ésta tiene que sonreír. Todo sea por la paz, por la concordia, pongamos la otra mejilla, no pasa nada.

Pero sí que pasa, claro que pasa. Ocurre en Madrid, miles de seres humanos dan una respuesta multitudinaria y anuncian resistencia civil. Ahora, en estos momentos en que escribo, las redacciones están llenas de “curritos” del papel, tienen que afanarse, deben explicar desde el emblema de la izquierda, que sólo cuatro o cinco “locos peperos animales” se manifestaron. Desde el emblema de la derecha, micrófonos y papel, todo para decirnos a los ciudadanos una vez más: “el pueblo dice que...”

Pero ellos no son el pueblo, el pueblo somos tú y yo, sin embargo, a nosotros nadie nos escucha, no importamos, sólo servimos como justificación a los mismos animales con distinto pelaje...

Mejor no pienso, mejor sólo doy un sorbo a mi café, me enveneno con mi puro y no pienso. Ya sé, por demás, que pensar produce cáncer, aunque hoy, hoy... si fuera capaz...

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