15.11.06

El martir del acne y los fachas


Cuando uno vive en la dulce Cataluña se sabe especial, miembro de una tribu distinta, carismática, con cultura y calidad, pero claro, nosotros los catalanes vivimos en una república independiente, al margen de la torticera España, de sus líderes casposos, de sus radios ponzoñosas y de su idioma cutre y minoritario.

¿Al margen?, desgraciadamente no, hasta aquí llega la sarmentosa mano de ese estado totalitario, zafio, vulgar, sin presente y sin pasado, del futuro ya ni hablo, ¿para qué? que los sectarios meapilas llaman España.

Somos una república adelantada a su tiempo, todo en la dulce Cataluña florece antes: nuestras mujeres son más hermosas, nuestros hombres más listos y poderosos -para muestra Jordi Pujol, se lo llevó calentito y ahí esta, sin mácula- y ¿qué decir de nuestros chicos?, son el orgullo de esta raza indomable, siempre victoriosa, que es el pueblo catalán, jamás, nunca, los odiosos españoles pudieron dominarnos y nunca podrán. Nuestros líderes son ejemplos vivientes de respeto, de tolerancia, de sabiduría.

¿Todos?, no desgraciadamente, entre nosotros ha crecido un garbanzo negro, un hombre maléfico, colaboracionista con el gobierno de nuestros vecinos, aliado contra la nación catalana, su nombre - me santiguo- es Artur Mas conocido también como el príncipe de Beukelaer... De él, de este traidor a la patria, ya hablaremos, y le pondremos contra las cuerdas... pero ahora no es tiempo de hablar de este miserable, ahora es momento de otros miserables, sí, de otros…

Como quiera que somos el país mas tolerante de Europa, hemos dejado que en una de nuestras más hermosas regiones -en concreto Girona-, en uno de los más bellos pueblos que puedan imaginar llamado Vidreres, vivan -ocupándose como es natural de las tareas más bajas-, un grupo de españoles -sin duda, oyentes de la radio clandestina COPE- que han presionado a sus cachorros para que actúen -aquí me embargan la indignación y la ira- con métodos bárbaros, insultos, haciendo el vacío e incluso empleando la violencia mas bárbara, a saber: el lanzamiento de bocadillos contra un pobre muchacho llamado Eric. Esto sin duda es de juzgado, pero los padres de Eric, su digna madre, en vez de comportarse como española, hiciera acopio de sus nobles raíces y cambiara a su retoño de colegio, aunque andando el tiempo todo continuara igual. Nuestro Eric, padece en silencio el dolor que le causan esas criaturas -más parecidas a monos que a personas- que con lengua bárbara le lanzan improperios y todo eso por algo absolutamente digno de imitación y encomio. Nuestro muchacho, el nostre noi, lo único que hizo fue enviar unos inocentes correos electrónicos a empresas de alimentación pidiéndoles que, ya que se comen el pan de los catalanes, al menos rotulen en nuestro idioma. Fue la multinacional “Carrefour” a través de su filial “Dia” la que se ocupó de denunciarle, ¡franchutes tenían que ser!, ¡malditos roedores!

En un escrito de “La Vanguardia”, la mamá de Eric nos cuenta a todos los catalanes, indignada -como es natural- cuál es la situación a día de hoy. El asunto es bochornoso, propio de estos carpetovetónicos que tan bien retrató nuestro Jordi Pujol, bochornoso y de juzgado, y ahí será -en los juzgados europeos- donde se verán las caras los bárbaros con el mundo civilizado.

¡Eric!, ¡en pie, muchacho! Si esos españoles de mierda te agreden, tú con la frente muy alta cántales el auténtico “Cant dels Segadors”:

“…amb la sang dels castellans en farem tinta vermella, per escriure en un paper quatre barres i una estrella…”

Y recuérdalo pequeño, no pienses, nos les des el gusto, recuerda que pensar siempre produce cáncer.

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