“La poesía, un arma con la que te apunto al pecho”
Los poetas son sastres, sastres que usan de la saliva para vestir lo que los hombres comunes, las mujeres comunes, traemos desnudo al mundo. Explicar lo que ocurre a nuestro alrededor, explicarlo con la piel abierta, con las emociones a todo trapo resulta imposible para cualquiera menos para ellos, los poetas.
¿Cómo podemos contar si no es con imprecaciones lo que ocurre?, ¿cómo podemos interpretar lo que nos cuentan los barberos, si no es con gritos? Recurriendo a las palabras de los artesanos del verbo.
Hace no demasiado, nuestro ilustre presidente del Gobierno condecoró a un poeta leonés, Antonio Colinas. Para el acto, el oráculo encargó a los escribidores a sueldo que prepararan algo lírico, y lo hicieron, claro que sí, y no repararon en ingenio. Según nos contaron las agencias de información, Bambi comenzó la berrea con estas palabras:
"La poesía no tiene más patria que la lengua y, por lo tanto, las patrias poéticas, es decir, vitales, se amplían cuando lo hacen los lectores de versos"..."la gran poesía enseña que la única debilidad es la mentira, cuando el egoísmo y el miedo pretenden pasar por amor a la tierra, desoyendo el papel legislador del pensamiento y el papel mediador de la sensibilidad".
Hace 75 años, un joven diputado de la Segunda República dijo: “A los pueblos solo les mueven los poetas…”.
¡Pobre condecorador!, víctima del lirismo del comité de sabios para eventos culturales, ¡cómo le acercan al tan odiado José Antonio Primo de Rivera!
Él, tan republicano, tan amante de la poesía, seguro que conoce a León Felipe, el zamorano que mejor describió a Rocinante, el poeta que mejor leyó a las dos orillas que encarcelaron y encarcelan al pueblo español.
“Negociareis la paz.
Mañana negociareis la paz
Con esa pluma larga de los abogados y de los estadistas,
de los nuncios y de los cancilleres,
de los agiotistas y de los banqueros;
con esa pluma ubicua - garrocha y pértiga-
de los chalanes, de los cuervos y de los coyotes;
con esa pluma negra que hunde su hocico de oro
en un pozo de sangre y en otro de betún,
mañana se firmará la paz.
Pero los poetas están locos... ¡locos!
y no habrá quien componga la canción de la victoria.
¿Oísteis?
No habrá quien componga la canción de la victoria.
Yo he perdido el ritmo,
la música y el juicio...¡He perdido el juicio!
Tomadme el pulso,
sonad mis huesos,
auscultarme la frente... Todo está roto aquí.
Que canten vuestras glorias los barberos que tienen aun
templada la bandurria.
¡Llamad a los barberos razonables!
(Extracto del libro, “Llamadme Publicano” de León Felipe.)
Compren poesía, quien compra poesía compra futuro.
Tienes razón José Luis, ya ves, los poetas son los que, al margen de los intereses, de la mezquindad del mundo, de ese mundo del que tú formas parte, dicen las verdades, las crudas realidades. Nosotros, las mujeres y los hombres comunes tomamos sus palabras para decirte, pero tú estás sordo, sordo y ciego.
Firma gerifalte, firma Mesías, firma ignorando la sangre vertida, y que luego te canten los razonables barberos: los Carniceros, Pocapena, Susos del Toro… que canten tus hazañas. Vas caminando al Nobel, ya es tuyo, pasarás a la historia como el humilde Bambi que derrotó a todo el pueblo español. A unos -los que creyeron ver en ti al salvador- con cuentos, a los otros, con la trama, con la trampa, con la toga manchada de blanco.
Pero mejor no sigo, ¿para qué? Nosotros, las mujeres y los hombres sencillos, los que somos el agua que quiere salir de la prisión de las dos orillas, los que queremos conquistar la libertad y la dignidad, tenemos en ti, como en el otro, al carcelero iluminado, al embaucador, al estafador de esperanzas.


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