El peso de la zanahoria
Existen dos tipos de “blogueros” los afamados -líderes de opinión- y los “sanchos” de turno. No entraré, al menos hoy, en los escritos de los “blogueros” de lujo, mejor no, no sea que enciendan una hoguera y me quemen por hereje, que todo podría ser... Hablaré de éste “sancho” que soy.
Vulgar, gris, carente de toda gracia pero atrevido en el comportamiento, nada me detiene, con el tiempo he llegado a creerme con derecho a dar a luz cuantas paridas se me ocurran.
Últimamente, dudo entre crear o, mejor aún, entre sacar del baúl de los recuerdos a dos de mis hijos de papel, Tino y Tano o, por el contrario, dedicarme a escribir al presi.
Escribir al presi es cosa fácil, basta con aderezar las palabras con una pizca de humor, de socarronería, ser soez, irreverente y ponerle un mucho de idiota. Evidentemente, habré de jugar a la contra, es decir, aplaudir lo que en mi fuero interno condeno, y ya está, seré un “café” ácido, corrosivo, con una nota de humor negro.
Ahora mismo tengo media carta hecha, pero me da pereza tremenda continuar y sé que debo escribir, llenar el blog con no sé cuántos artículos lo antes posible, ya que lo mágico del asunto es poner mucho, aunque no tenga chicha, aunque no aporte un grano de arena a esta inmensa montaña en que los polis buenos han convertido el periodismo ciudadano. No, no desvarío, es lo que es. Los periódicos, no contentos con los becarios, a los que indudablemente ningunean, tienen en la ciudadanía a los mejores plumillas del planeta por un coste cero, es el negocio al cuadrado. Ellos, los polis buenos, nos dejan una columna gratis, nosotros la llenamos y, encima, traemos a toda la familia para que nos lea, así pues, el aumento de tiradas de los periódicos no se debe a un giro en las devociones de los ciudadanos, sino a que nos han colocado una zanahoria que nosotros, como si fuéramos más burros de lo que en realidad somos, perseguimos inútilmente a la espera de que un cazador de talentos nos lea y nos haga una proposición indecentemente rica.
Llevo todo el día mirando periódicos, buscando algo en que pegar una buena mordida, pero nada, los “profesionales” se dedican -como está mandado- a escribir de lo lógico, de las chorradas que a todos nos cansan, y yo como idiota buscando material... ¡Pero quién me mandará meterme en estos fregados!
Lo que quiero decir es que estoy hasta el copete de tanta chorrada, de tanta mamarrachada, de que se nos quiera hacer asistir tanto si sí, como si no, a esta fiesta de descalabros a la que nos llaman día sí y día también.
Dicen que las casualidades no existen, que todo es fruto de la causalidad, mira por dónde, que cuando estaba por avisar al “sicoloco” para que me revisara las neuronas, me llega un artículo de “La Vanguardia”, ¿he dicho un artículo? No, rectifico, ¡la mismísima Biblia! Lo firma Eva Domínguez. Con permiso, señora… ¡gorrazo, qué maravilla! Por fin alguien, mujer tenía que ser, nos dice las verdades del barquero. Con el permiso de esta buena moza, me permito transcribir algún párrafo. Tomen nota, por caridad:
“Los periodistas deberíamos ser divulgadores de la actualidad. Explicar hasta lo más complejo didácticamente para que lo entienda cualquier persona requiere conocer, comprender y procesar lo que se va a contar para regurgitarlo en un relato tan fácil de entender y tan ameno como un cuento de niños. No siempre lo conseguimos y, sin embargo, en la era de la sobre información es más prioritario que nunca.”
¡Gracias, gracias, loado sea el Altísimo! Joder, qué respiro, sí señora, olé, a eso se le llama hablar con propiedad, con justeza, sí, sí, sí…
“Más relato, más historias, más divulgación, al fin y al cabo. ¿Por qué? Tal vez porque las audiencias no buscan sólo información sino también conocimiento. Y para que otros puedan comprender hay que saber relatar, que es el aliño de los hechos, el sabor que hace recordar los ingredientes.”
¡Cómo recuerdo a Joaquín Arozamena, qué gozo de comunicador! Miraba la cámara y ¡hale!, a contarnos a los espectadores qué era eso tan etéreo del Oriente Próximo, qué significaba y cual era la razón del conflicto. Ahora, todo lo más, ves a un tipo como Lorenzo Milá, el mejor sorbido de la tele, soltándote un alud de datos y más datos, cifras, cálculos, porcentajes… ¡Puaff!, qué indigestión de periodismo de laboratorio.
Echo de menos al contador de historias, al que nos explica, nos pone al día, nos hace comprensible el tema que maneja... Para facilitar datos ya están las agencias de información o los estudios del CIS, a las mujeres y los hombres sencillos se nos tienen que decir las cosas claras, vamos, que se nos tienen que decir las cosas de modo que nos resulten próximas, lógicas y nos hagan entusiasmarnos con lo que leemos, que nos hagan comprender de qué carajo nos hablan cuando nos nombran el maldito “euribor” o el “porcentaje de la inflación en el mes de”…
¿Saben qué? Hagan con nosotros lo que les dé la gana, después de todo, lo nuestro es leer y callar, leer y callar...


2 comentarios:
me alegro q vuelvas a escribir aunq sea con tintes politicos
PD: la musiquita regular eh...
Coñe..leer y callar.. vale vale.. pero hay algo sobre lo q opinar? decir q las estadisticas y datos son solo lo q indicas.. periodismo de laboratorio y por tanto.. hasta cierto punto.. "manipulables" o mejor diccho... escritas segun el gusto del maitre??
Saludossss :-D
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