“Cuestión de pelotas”
Hacer ironía con el intento de quemar vivos a unos policías resulta, cuando menos, difícil, lo que en verdad nos sale del alma, así, a primer impulso es… pero claro, debemos ser políticamente correctos, no sea que el dejar fluir los impulsos nos acarree el título de bárbaros o algo peor.
Echo hacia atrás la memoria y me veo a mí mismo en Las Ramblas de Barcelona, una tarde cualquiera, junto a unos amigos, mirando macramés, de pronto, aparecen los grises pero, afortunadamente, mi amigo Quique me coge en volandas y echa a correr por las calles cercanas...
Eran tiempos difíciles, la policía de Billy el Niño, la policía de Rodolfo Martín Villa, la violencia represora pudo, así, en condicional, no justificar, pero sí explicar algunos actos violentos. Hoy, treinta o más años después, no se puede explicar lo que ocurre, no se puede mas que desear que las fuerzas de seguridad actúen con toda la contundencia que les hemos dado en la Constitución, claro que... qué alarma, qué congoja ante noticias como la del intento de quemar vivos a dos policías, qué asco el leer que se le ha pedido a la policía que no salga a las calles de Guipúzcoa para no provocar, qué pena de situación, duele ver como todo es objeto de mercadeo.
En esta feria de fechorías morales, el rey de reyes es quien permite, quien calla, quien consiente, el que pide continencia a los jueces, el que entroniza en la tolerancia a los bárbaros de las pistolas, el que hace oídos sordos a las evidencias, quien expide certificado de buena conducta a un agujero negro llamado Otegui...
Y aquí estamos los ciudadanos, sin entender la descomposición moral de la convivencia, sin saber si el ataque continuado hacia nuestros valores, hacia reglas de juego establecidas con el consenso de todos, esto es, la Constitución, nos puede legitimar para algo más que el pataleo.
El lejano 1972 trajo muchas cosas, entre ellas el famoso y adulterado caso Watergate, como es lógico, los periódicos explotaron el asunto hasta agotarlo, hasta crear una leyenda que aún hoy perdura. Algo de lo publicado en aquella época, en concreto en Cambio 16, me viene a la memoria ante la actual situación de cosas. En la revista se nos contaba cómo los padres americanos decían a sus hijos: “hijos, lo más grande que se puede ser es presidente de la nación, pero por encima de ello está la Constitución”.
Constitución, triste término, a eso la han reducido, a solo un garabato, a algo inconsistente, insípido y dilatado para que tengan cabida los devaneos de los anómalos, las avaricias de unos, los crímenes de otros.
Y no sólo es una cuestión de esta rendición ante la brutalidad, no, es lo que se pierde en la inmensidad de los periódicos, lo que subyace en las palabras del Presidente de la Generalitat de Cataluña, esas palabras susurradas a los oídos de los socios, de los que entienden, esas en las que “Amargall” les sugiere que trasladen al ámbito del Estado esa coalición, lo cuenta un despistado diputado de ICV, y no cualquiera, que el Sr. Guillot es de la cúpula de los verdes casposos y no habla de oídas, que no, que sus palabras hacen referencia a “Amargall”, que desde que ve el retiro se ha vuelto más... “sobrio”.
Pero las reflexiones a las que nos tendrían que llevar estas palabras, las consideraciones de lo que ocurriría en el parlamento nacional con un grupo tan numeroso como el que forma la “Entesa”, eso es otra historia, claro que no se apuren, para eso está el ingeniero de la Constitución, el amigo de los animales, el vahídos ZP.
Pero... mejor no pensemos... pensar produce cáncer.


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