¿Nuevo periodismo?
¿Nuevo Periodismo?
Normalmente paso, quiero decir, miro los periódicos, los leo y después, en sana posición, procuro desalojar lo leído para que el aire, los ojos y los sudores de las gentes sencillas tengan espacio en mi corazón.
La pantalla de mi “ordeñador” es una locura, tengo como ochenta páginas abiertas en las que se habla de cosas muy sesudas como por ejemplo: “Código Binario” -el blog de Eva Rosado en “La Vanguardia”- en que alude a los maravillosos comentarios de no sé qué gurús de esos que vienen de la Gran Manzana a los que, lógicamente, no entiende nadie, normal… ellos hablan el lenguaje del futuro, hablan de cosas como la “Ontología” o nos cuentan acerca de comunidades virtuales en las que se puede tener la identidad deseada, transformarnos en algo que no somos pero que sí queremos ser, eso sí, claro, dentro de la pulcritud de lo virtual, de ese espacio aislado en donde todo es limpio, adorable y posible... la casa de Gran Hermano, eso sí, sin cabras, claro.
Casi de inmediato, me encuentro con el congreso del “Nuevo Periodismo”. ¿Nuevo?, ¿de qué me hablan?, ¿de qué, morenos? De nuevo periodismo sólo el soporte, al frente las mismas caras, los mismos lugares, las mismas hipotecas...
¡Cuánto me recuerda todo esto a las “Odas Elementales” de Pablo Neruda! En concreto a ese poema en el que el vate, con ese sonido que tengo clavado en la memoria, con esa parsimonia, ese soniquete, dice:
“Me sonrío, siempre dicen “yo”, a cada paso les sucede algo, es siempre “yo”, por las calles solo ellos andan o la dulce que aman, nadie más…”
El periodismo, el de antes y el de ahora, es sólo tribu, clan, familia, pomada, cuando no -como vemos a cada momento- escribir al dictado.


1 comentarios:
La libertad, en cualquier ámbito de la vida debe ejercerse con RESPONSABILIDAD. En la actividad periodística esa libertad es como el mantel puesto para una buena cena. Pero un mantel sin la comida y la bebida no se vuelve una cena, mucho menos una buena cena. Una buena dosis de pasión por lo que se hace, por buscar la trascendencia en el contenido de cada frase y el compromiso con los demás y contigo mismo por generar cambios en el mundo que nos rodea, equivalen a un buen vino, un panecito salido del horno, una exquisita ensalada y un buen corte de carne (se vale pensar en la que más nos guste: pescado, res, etc.). Un saludo Don Cafenoche, y disculpe por la irrupción en su espacio.
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