13.11.06

“A la caza del Noviembre Azul”


Vamos a ver, ¿cómo nos podemos escandalizar? Pero claro, joder, debe costar más matar a un oso borracho que a un hombre, ¿cual es la población mundial de osos?, ¿cual es la población mundial de policías, de “pitufos”?

La prensa es canalla, los periodistas mulos tordos, tanto escándalo por algo insignificante, ¿qué es la vida de un padre de familia en medio de la gloria que proporcionará a Joseba Koldo el proceso de paz?, ¿ quién manda al poli tener hijos, mujer, madre…?, ¿quién?

Afortunadamente y contra esta muestra de falta de respeto, los jueces de Euskadi ponen juicio, ponen el punto de equilibrio donde deben, en el fondo, es más delito bajarse un mp3 de la red que asesinar a un policía, pero claro, insisto, el mp3 puede ser de Ramoncín -¡huy!, perdón don Ramón- y eso, eso amigos, es oro en paño, y evidentemente es constitutivo de más delito -en lo proporcional- que no el asesinar a un hombre.

Se me acaba la imaginación, ya no sé qué más palabros buscar para no hablar como se habla en la calle, donde los términos son inequívocos, donde las mujeres y los hombres comunes hablamos sin ambages y adjetivamos lo que ocurre, y evidentemente, señalamos a quien debería ser el guardián del orden establecido y no la complaciente putita que se vende por un whisky de garrafón...

Lo ocurrido sólo tiene un nombre, lo aplicado sólo tiene un nombre, se llama desprecio por la vida de los seres humanos comunes. La vida de un servidor del sistema carece de importancia para los que ven la existencia de estos, sólo como la de un siervo que debe ofrecer su cabeza cada vez que el señorito de turno así se lo reclame...él o sus invitados a la cacería.

Como era de suponer, los portavoces del PNV han corrido a condenar, por supuesto, pero al tiempo lo explican, nos cuentan que ¡hombre! intentar matar a dos policías es excesivo, si hubiera sido uno… y si en vez de un pitufo hubiera sido un verderón… pero vamos, que lo ocurrido en Bilbao es pecata minuta, y que en verdad, todo esto es responsabilidad de unos jueces malvados, maléficos que, en alianza con los cavernícolas, han tenido la desvergüenza de condenar -perdón, déjenme, que me enjugue una lágrima- a nuestro hermano en las pistolas De Juana Chao a un dislate, él, De Juana, que tan claro ha dejado que sólo aspira una vez puesto en libertad a matar pero en la ficción… claro, él tiene vocación de contador de cuentos, y por supuesto, ya encontró editor, nada de concurrir a premios como el de Oberon, no, él tiene un editor llamado Joseba Koldo que le ha prometido que no sólo le publicará sus cuentos, sino que además le dotará de toda la cobertura mediática que su pluma merece...

Hubo un tiempo en que los seres humanos sabíamos que teníamos que respetar la vida de los otros que de no hacerlo, los encargados de la convivencia nos encerrarían y tirarían las llaves al mar, ahora, en el año de desgracia en que vivimos, uno, como en una montería, puede poner precio a la vida de un ser humano. El precio, que no castigo, es de 6000 euros, puesto que el complaciente togado que birla a la Audiencia Nacional el caso -en otro tiempo, el juez Baltasar Garzón ya hubiera ordenado que el chicuelo se presentara ante él-, no ve indicios racionales de más delito que el propio de un gamberrete y le manda a casa tras darle una regañina.

En Cataluña, no hace demasiado, un buen día nos desayunamos con la noticia de que un muchacho de 14 años había enviado un comunicado en nombre del ejército catalán a los comerciantes para que rotularan sus productos en catalán. El chico dio, evidentemente, un susto de muerte a los pobres tenderos, que acudieron a denunciar el caso, evidentemente, se descubrió que era un adolescente con la cabeza un tanto errática, pero en esos momentos, los jueces le remitieron a la Audiencia Nacional por considerarlo un peligro y los magistrados encargados de vigilar los casos de terrorismo o presunto terrorismo actuaron... Como es de suponer, el muchacho no padeció más que el traqueteo del viaje de Barcelona a Madrid pero los togados hicieron su trabajo. Hoy, sabemos que representa infinitamente un delito mayor amenazar con un correo electrónico a los comerciantes que rociar con líquido inflamable a dos policías.

En la era del talante... mejor no pensemos, fijo que nos produce un cáncer galopante.

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