Cuentos de Navidad
Hace unos días celebramos la Navidad, día de fiesta, de alegría… ¿cómo no? Era el tiempo de festejo por el nacimiento de Jesús, alguien importante para los millones de cristianos que poblamos la Tierra y, por los otros millones de nacimientos que se producirán durante todo el año.
De nacer, de ahí viene el término “Navidad”, claro que, ya en pleno siglo XXI podría decir sin temor exagerar que también podría ser el equivalente a morir, eso es al menos lo que nos cuentan las estadísticas…
Cada año nacen 130 millones de seres humanos, de ellos, 4 millones morirá antes de que transcurran los primeros 28 días de vida y tres cuartas partes lo harán en la primera semana. De todas esas muertes, el 99% de ellas se da en Asia y África. ¿Qué les parece?
Cifras, ahí están, tengo tantas como gusten, pero las cifras son una crema cicatrizante y no quiero que sea así, quiero que les sangren los hechos.
Por la red circula de todo, pero lo que me explican acerca de determinado país, de la sospechosa y repentina elevación en la tasa de mortalidad infantil, no es de oídas. No es un fabulador, ni un loco, ni un visionario quien me lo cuenta, sino un científico, mejor dicho, una amiga científica que vivió en primera persona lo que les transcribo a continuación. Por discreción, omitiré el nombre del país al que hago alusión.
El origen de estos fallecimientos tan prematuros -a falta de las analíticas pertinentes- parece residir en un problema farmacéutico, pero no acaba siendo esto lo único con lo que esta amiga se encuentra. Consternada, me explica que en este país sólo hay 10 médicos pediatras (sí, 10, no me he dejado ningún cero y, de paso, recuerden que no hablo de un pueblo, ni de una ciudad, sino de un PAÍS) y que además, desconocen lo que es un neonatólogo.
¿Imaginan? En este momento, en ese país, las mujeres embarazadas, a punto de dar a luz, carecen de los cuidados previos al parto puesto que allí, la preparación para tamaño evento es inexistente. Mencionar además, que una buena parte de estas mujeres parirá en medio de la selva, lo cual conlleva tal riesgo para sus vidas que ni tan siquiera existen cifras. Cierto que algunas de estas mujeres pueden llegar a tiempo a un hospital, o lo que parece un hospital, pero ni por un segundo imaginen que allí las espera un gineco-obstetra, no, les aguarda una mujer de más de 60 años, casi ciega, que apenas si puede moverse sobre sus piernas inflamadas que es la partera o comadrona. Me cuenta mi amiga científica lo siguiente de su entrevista con la señora partera:
“Al pedirle que mostrara el sitio donde atiende los partos, nos llevó a un cuarto en que solo cabe una cama y una pequeña mesa, con piso de tierra. Le pregunté por sus instrumentos de trabajo que sacó de un maletín viejo con una pequeña perilla, unas pinzas viejas y oxidadas y unos guantes, todo lleno de tierra y sangre vieja.
Le pregunté por su instrumento de corte y buscó desesperada en su maletín pero no encontró las tijeras, en eso, volteo hacia un rincón y veo las tijeras en el piso. Hablé con ella, le dije que su trabajo era muy importante, pero que yo estaba segura que ella sabía que había una forma mucho más adecuada de atender los partos. Le dije que necesitaba ayuda para resolver su problema de salud y que probablemente requería de que el ministerio de salud le proporcionara material estéril suficiente para poder hacer las cosas bien. Tienen escasez de personal, y las parteras como te dije son de las principales en atención de partos, adicionalmente hay que considerar que los hospitales están igualmente contaminados. Esta mujer atendió a un bebé que a los 3 días murió de meningitis. Les dije: "yo creo que hay suficientes explicaciones sobre la muerte de esta bebé, en las condiciones al nacimiento que tuvo, pero también está el hecho que cuando hablé con el padre de la niña me dijo que tardó 16 horas en llegar al hospital, estando a hora y media del mismo por carretera, porque no tenía medio de transporte y solo pudo conseguir prestada una bicicleta para llegar al siguiente poblado a llamar una ambulancia, pero en el hospital le dijeron que como no se trataba de la madre y el bebé, que tan solo fuera el bebé el del problema, no justificaba la salida de la ambulancia. Cuando finalmente pudieron llegar por sus medios al hospital, el bebé comenzó a sangrar del cordón umbilical, lo intentaron medio estabilizar en ese hospital, de donde, dada su gravedad, decidieron mandarlo al siguiente que sí tenía pediatra, pero falleció en el camino”.
A todo esto, hay que añadir la problemática existente con los fármacos, estos se dispensan en bolsas sin ninguna inscripción, tan solo con un pedazo de papel en el que ponen algo ilegible, escrito a mano, con lo cual los pacientes desconocen qué están tomando y qué cantidades se les están suministrando.
Todo esto no se señala en las estadísticas, esas que hacen que un artículo sea creíble, pero son realidades vistas, sentidas en la piel por aquellos que tienen el valor de vivir estas evidencias que se dan en lugares a los que “nosotros” iremos de vacaciones, a esos complejos turísticos maravillosos, donde, fuera de los recintos reservados para los “señoritos”, otros seres humanos mueren.


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