Sorpresas te da la vida…
Leer los periódicos es un drama, cada día nos obligan a tener que pasar por el cedazo de la comparación las noticias para tener una aproximación a la verdad, con todo y eso, es difícil, muy difícil.
En el día de hoy hay algo incontrovertible: Jesús Cacho lleva a los tribunales a Baltasar Garzón. ¡Ahhhh!, casi tengo un orgasmo… ¡qué modo de despertarse!, casi nada lo del ojo. Un periodista, o marinero, o escritor, ha sido objeto de la ira de la estrella de los tribunales, del intocable, del amigo de González, del Richard Gere de la Audiencia y don Jesús, tiene los bemoles de enviarle a donde debe, ante el juez, éste en minúsculas, claro.
Nos cuenta la redacción de www.elconfidencial.com que el próximo día 13 de septiembre el magistrado acudirá a los tribunales como imputado -lo de imputado es un eufemismo, su traducción es más común: acusado- el juez de jueces, la salsa de todos los platos, tendrá que declarar como acusado en un proceso penal ante el magistrado Carlos Valle en el juzgado de Instrucción nº 14 de Madrid.
El 18 de diciembre del pasado año, Jesús Cacho presentó una querella criminal a consecuencia de las palabras que el ilustre juez vertía en el libro “Un Mundo sin Miedo” en el que, entre otras lindezas, decía del periodista:
“Así, en la página 77 de dicho libro, se puede leer textualmente que “Nuestros políticos no saben qué hacer para enredar más las cosas. Una vez más la decisión de constituir una comisión de investigación, que es bueno que se haga, parece que la marca determinada persona, aprendiz de Rasputín, y otros congéneres de cuya ética no es que dude, sino que no tengo duda de su inexistencia. Me refiero a esa persona, o a señores como Federico Jiménez Losantos, Jesús Cacho y otros de igual calaña, de los que nunca se sabrá todo lo necesario para hacerse una idea clara del retorcimiento de los pensamientos, actitudes y fines venales que los guían en todos y cada uno de sus actos”.
“Creo sinceramente que han hecho y hacen mucho daño a la democracia y que siempre han estado movidos por el resentimiento, el odio e intereses espurios”. Con su peculiar sintaxis, el juez termina asegurando que “Antes o después tendrán que rendir cuentas de sus tropelías. No por tener un micrófono se puede atacar impunemente en nombre de una libertad y una ética que ellos prostituyen día tras día con la mentira y la maldad”.
“Los anteriores párrafos, contenidos en las páginas 76 y 77, van precedidos de un juicio sumarísimo contra los periodistas que no le son simpáticos, según el cual “Hay expertos en la coacción y la extorsión mediática que utilizan la profesión periodística como mercenarios o para obtener ventajas del poder político. Son falsos profesionales, cuya ética profesional es similar a la de los capos mafiosos”.
Increíble pero cierto, el ilustre magistrado acudió al acto de conciliación tratando de contar que, bueno, verás, lo de venales, espurio y bastardo, eran sólo modos coloquiales de decir que estos chicos de la prensa son malulos, malulos pero legítimos, claro, faltaría más. En el fondo, don Baltasar, es sólo un neologista, un inventor de palabras incomprendido, alguien que enriqueció el lenguaje con términos que solo pretendían decir que tanto Jesús Cacho como otros periodistas, hacen encaje de bolillos con las palabras… ¡Qué bueno, qué buen despertar, qué gozo! Pienso que la profesión periodística debería hacerse eco y tomar ejemplo de lo hecho por don Jesús Cacho, tal vez, es hora de que algunos plumillas cuenten todo lo que saben del juez sabiondo, del magistrado que susurraba a González antes de que el GAL fuera esa cosa fúnebre.


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